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¡hasta yo lo entiendo!

Últimamente he leído y escuchado a muchos columnistas y juristas, mostrar su preocupación por aspectos inaceptables acordados con las FARC en las negociaciones de paz. De manera incongruente, la mayoría afirma que votará SI en el plebiscito.

Por más que analizo no logro entender cómo, para ellos, la democracia pueda tener tan poco valor. Santos ha convencido a todos, con argumentos peregrinos, sobre las bondades de la paz a cualquier precio. Varias veces he llamado la atención sobre esta contradicción: por momentos promete que La Paz está a la vuelta de la esquina y otras veces dice que la firma de marzo solamente significa terminar el conflicto porque la paz solamente llegará unos 10 años después de la firma. La gente no nota que la primera afirmación es una mentira y la segunda es solo sueño que podría echarse a perder si esa negociación no queda bien hecha, sin respeto por las víctimas en una feria de impunidad.

Santos, para darle gusto a las FARC y lograr la firma, está dispuesto a destruir la democracia en un corto plazo. Ha decidido, quizás cabalgando sobre su inmensa vanidad, que por firmar ese documento, bien vale la pena sacrificar una nación y avanza al galope hacia un abismo.

Vale recordar que, al inicio de la negociación, Santos decía que las FARC estaban derrotadas y que por eso estaban en la mesa, pues las FFAA las habían vencido. De tarde en tarde dice que las FARC son invencibles y que por eso es mejor negociar. Vencidas, claro que si, un supuesto “ejército” en el cual el 75% de los integrantes son mujeres o niños, es una tropa derrotada. Siendo así no se entiende porque las FARC son quienes ponen las condiciones.

La democracia se sostiene en un trípode compuesto de tres poderes. Ellos son los pilares de la democracia: El ejecutivo –presidente y sus ministros-, el legislativo –el Congreso compuesto por Senado y Cámara- y el judicial -compuesto por juzgados, tribunales y cortes, con un ente acusador la fiscalía-. Basta destruir alguno de ellos y se habrá destruido la democracia. En nuestra América hemos sabido de presidentes que se han apoderado de los otros dos poderes para constituirse en dictadores. Son ellos los dictadores del Siglo XXI o mejor dicho, los dictadores del Socialismo del Siglo XXI.

Hoy, en gobierno del “presidente de La Paz”, el Congreso será reemplazado por un “congresito” de bolsillo, que hará lo que Santos ordene, para ello no escatimará un centavo en la compra de consciencias. Lo más grave es que el mismo congreso está de acuerdo en que ello suceda.

Nuestra justicia imperfecta y politizada, pero justicia al fin y al cabo, será reemplazada por un sistema todo poderoso diseñado por Santos y a la medida de las FARC, una justicia que será dirigida por personas escogidas a dedo, aunque el diga que no, habrá ingerencia de las FARC o sus amigos en la selección. Se habla incluso de “jueces” extranjeros, vaya uno a saber alguno de ellos será Baltazar Garzón –el juez prófugo de la justicia española- o del señor Santiago –abogado de las FARC- o cualquiera otro de esos representantes de la izquierda internacional que se han tomado las altas cortes internacionales.

El congreso eunuco, y que será castrado con su consentimiento, tramita por estos días facultades extraordinarias al Presidente, facultades que exceden todos las otorgadas en el pasado a presidente alguno, parodiando a Santos: “nunca antes” en la historia de Colombia.

No sé si hasta este momento, usted amigo lector, no ha identificado que transitamos el mismo camino que Venezuela. Estilos, engaños y momentos diferentes, pero es el camino de la dictadura. Santos, con estas facultades podrá reformar la constitución a su antojo para darle gusto a las FARC.

Pero hay más, las FARC pretenden y lo han dejado en los acuerdos, que los entreguen unos “territorios de paz” -parece que “paz” es una palabra mágica que lo justifica todo- en los que piden autonomía, según ellos para hacer una especie de laboratorios de paz. Esta figura ya la conocemos, existen las comunidades de paz en diferentes lugares, una de ellas, la más conocida es la “Comunidad de paz de Apartadó”. Esos son lugares donde no puede entrar la fuerza pública, gobernados por la guerrilla o por algunas ONG controladas por las FARC. Son ni más ni menos repúblicas independientes..

Otro punto tratado muchas veces: nuevamente van a derogar el Fuero Militar. Los militares ahora no irán a la Justicia Penal Militar, como dice la constitución en su versión original y en un última reforma, sino que van a la Justicia Especial para la Paz a ser juzgados por civiles, y lo más grave, hasta por extranjeros. Los civiles no tienen ni idea de la vida militar, ni sobre cómo se desarrolla un combate y por ello no tienen la idoneidad para hacerlo. Pero está es otra de las solicitudes de las FARC quienes han dicho en todos los tonos que se debe acabar con las FFMM, incluso han dicho que pretenden reemplazar a la policía en las ciudades y campos.

Destruyendo a las FFMM se acaba cualquier defensa que pudiéramos tener.

No sé si la gente no entiende esta situación pero parece ser más importante esa firma que la propia libertad. Me parece raro, porque hasta yo lo entiendo!!