¿Y de nuestras pensiones qué?

¿Cómo podrían desaparecer nuestras pensiones? La respuesta, a mí, me produce terror.

Este gobierno viene tentando a la suerte y, aunque ha logrado controlar algunas variables económicas aplicando teorías keynesianas, la estabilidad macroeconómica está en alto riesgo. Sin embargo, esto podría tener graves consecuencias, pues llegará el momento en que la cuerda se rompa.

La constante confrontación del Presidente con la Junta Directiva del Banco de la República, por las tasas de interés con las que esta Junta pretende controlar la inflación, ha generado que el Mandatario anuncie, como amenazas, algunas medidas que harían estallar la inflación, tales como subir nuevamente y en forma exagerada el salario mínimo en menos de 6 meses.

Más preocupante aún es la intención de emitir dinero, algo que la Junta del Banco no ha permitido, pues constitucionalmente es autónoma. Si se pierde esta autonomía en un eventual gobierno continuista (Iván Cepeda) y se ponen en práctica políticas como las que se han visto en Argentina, Venezuela, etc., esto generaría una hiperinflación capaz de destruir la capacidad adquisitiva de los colombianos.

En lo personal, esto me produce un profundo temor, pues nos acercaría a situaciones ya vividas en países como Argentina y Venezuela, donde profesionales que trabajaron toda su vida hoy reciben pensiones equivalentes a uno o dos dólares mensuales.

Si un escenario similar llegara a materializarse en Colombia, no solo los ancianos que nunca cotizaron seguirían en la miseria, sino que muchos pensionados pasaríamos a engrosar esas mismas filas, ya que la inflación haría desaparecer el valor real de las pensiones.

Este gobierno ha contado con uno de los mayores presupuestos de la historia y, aun así, siempre está demandando más recursos. ¿Para qué?

Según muchos analistas y noticieros, no se refleja en el presupuesto inversión: no se hacen hospitales, escuelas o universidades. Se han eliminado los créditos del ICETEX que hacían posible la educación superior a muchos jóvenes de estratos menos favorecidos; se acabaron los subsidios de vivienda, afectando gravemente la industria de la construcción, que siempre ha sido la mayor generadora de empleo; y la infraestructura vial está de capa caída, sin nuevas obras y con las iniciadas en gobiernos anteriores paralizadas. Sumémosle a esto la anunciada crisis explícita generada por el gobierno en el sistema de salud.

El panorama es inquietante: sin pensión y sin salud. Los adultos mayores podríamos enfrentar condiciones extremadamente difíciles como consecuencia de decisiones irresponsables; se multiplicaría el hambre en Colombia para nosotros, los viejos, y los más jóvenes verán escenarios gravísimos en el futuro.

Y lo más grave es que, con un posible gobierno continuista, en el futuro se consolidarán los cambios en instituciones clave como la Corte Constitucional o el Banco de la República, podría abrirse la puerta a la emisión descontrolada de dinero, con efectos devastadores sobre la economía, tal como sucedió en Argentina y en otros países del continente. Emitir dinero no resuelve el problema del hambre en una nación; por el contrario, lo agrava.

Mayo 3 de 2026
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